"CREATIVIDAD, APRENDIZAJE Y ENSEÑANZA"

miércoles, 12 de marzo de 2014

AULA VIRTUAL CREATIVA

“Aula Virtual Creativa” es un espacio abierto para toda la comunidad docente, estudiantes y padres de familia, con el fin de intercambiar actividades, experiencias, recursos, consultas, ayudas y herramientas que faciliten a la Creatividad, el Aprendizaje y la Enseñanza. Pueden participar en su construcción; maestros, estudiantes, padres de familia, autoridades, dirigentes, empresarios, artistas, historiadores, poetas, población en general. 
Por lo tanto,  la Comunidad Educativa de la Institución Educativa Nº 30251 de Saños Chaupi, Distrito de El Tambo, Provincia de Huancayo, Región Junín; te da la más cordial bienvenida a este sitio.
¡Tú!, Maestro(a), Alumno(a) o Padre de Familia, que aspiras forjar una sociedad diferente, contribuye en este sitio, al fortalecimiento del Interaprendizaje Extraescolar y al Mejoramiento de la Calidad de la Educación, con tus comentarios y testimonios. 
Esperando que sea de interés para ti y para tus seres queridos; te presento el siguiente esquema:


I. ÁREAS CURRICULARES
ÁREA: COMUNICACIÓN
  Cuentos Escolares 
Edic. 1 2  3  4  5  6
 Comprensión Lectora
  2°  3°  4°  5°  6°
 Fichas de Trabajo
    3°  4°  5°  6°
ÁREA: MATEMÁTICA
Raz. Matemático
  2°  3°  4°  5°  6°
Fichas de Trabajo
  3°  4°  5°  6°
ÁREA: PERSONAL SOCIAL
Fichas de Trabajo
 2°  3°  4°  5°  6°
ÁREA: CIENCIA Y AMBIENTE
Fichas de Trabajo
 2°  3°  4°  5°  6°
ÁREA: ARTE
Pintura
Fichas de Trabajo
1°  2°  3°  4°  5°  6°
ÁREA: EDUCACIÓN FÍSICA:
Fichas de Trabajo
1°  2°  3°  4°  5°  6°
III. PADRES DE FAMILIA:
Recursos
IV. PENSAMIENTO PEDAGÓGICO
Recursos para el Maestro
(Examen Docente)


Si Usted tiene algún aporte para este sitio, le sugerimos enviarnos su archivo a:
E-mail: el_academico1@hotmail.com
o puedes comunicarte al:
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¡Éxitos!

SESION DE APRENDIZAJE CON RUTAS DEL APRENDIZAJE

martes, 3 de septiembre de 2013

CARPETA PEDAGÓGICA

¿Qué es?
Es una herramienta que permite evidenciar la organización de la gestión pedagógica del docente durante el año académico. Al interior de este instrumento se prevé la planificación,  la organización, control, dirección y evaluación de las competencias, habilidades, actitudes, conocimientos y productos de las áreas curriculares a su cargo.
¿Cómo es?
La Carpeta Pedagógica se puede organizarse de manera física como también de manera virtual, de la siguiente manera:
  1. Documentos de Gestión Administrativa
  2. Documentos de Gestión Pedagógica
  3. Documentos de Gestión Institucional
Si deseas acceder a los documentos que contienen una Carpeta Pedagógica 
haga Clik Aquí



PENSAMIENTO PEDAGÓGICO

Nuestra sociedad afronta vehementemente esa doble moral; por un lado, las clases poderosas se encargan con gran interés vital de pervertir la razón crítica de los individuos, por eso les ofrece como pasto el embrutecimiento masivo, por medio de la televisión y otros medios de la propaganda subliminal en el que utilizan mujeres desnudas y provocativas, con las que obtienen provecho del hambre sexual de las masas para lograr manejar su inconsciente y convertirlos en consumidores y sumisos. Como resarcimiento de esta situación, actualmente se evidencian el aumento acelerado de lacras y perversiones sexuales. Cotidianamente se escucha y se observa por doquier sobre: la prostitución callejera, el adulterio, el homosexualismo y travestismo, la delincuencia y drogadicción juvenil, el pandillaje, violaciones sexuales, suicidios, etc.

En medio de este contexto que se desdobla en el sexismo, en el libertinaje, la enajenación y la sublimación social, el mundo avanza hacia un destino fatal carente de valores y afectividad. En ella, el medio más cotizado que acrecienta la pornografía aberrante es el Internet, donde la generación actual de niños y adolescentes, encontraron el favorito de los medios para compensar los vacíos ocasionados en su psiquis por las generaciones antaño, que por su carácter conservadora y de moralismo coercitivo las mantuvieron en las fantasías, mitos, perjuicios y en el tabú sexual. 

Por otro lado, mares de familias, especialmente parejas de matrimonios prematuros, hoy se encuentran muy preocupados y hasta pidiendo a gritos mejores estilos de vida que garanticen la estabilidad familiar y el equilibrio de la sociedad. Diariamente, minuto a minuto, segundo tras segundo, las parejas se golpean, se divorcian, se odian. Hay adulterio e infidelidad por doquier. Pareciera que estas actividades fueran ya normales en la vida de las familias modernas, donde los únicos que pagan el plato roto son los hijos que nos avizoran una generación futura en extinción. 

Paradójicamente, hoy la humanidad protagoniza su destino en medio de una profunda crisis de valores. Los efectos subliminales de ese nuevo escenario paradigmático de transculturización y estandarización mundial, se acentúan peligrosamente en las familias más pobres y en los pueblos más atrasados, como es el caso peruano. 

La sociedad actual es eminentemente patriarcal y como tal propugna una cultura sexual que también es patriarcal. La base de esta sexualidad patriarcal de sexos opuestos, jerarquizados y desiguales está en la división sexual del trabajo que dio lugar a la escisión del mundo en dos, todo en dos: en vida privada y vida pública, derechos y obligaciones, aspiraciones y deseos, en sentimientos, pensamientos, actuaciones, colores, gustos, libertades, etc.; Desde esta cultura y esta moral, ser hombre o ser mujer, equivale a celdas cerradas, fijas e inamovibles. 

El núcleo básico de existencia de esta sociedad es el matrimonio monogámico patriarcal, que es la forma celular de cualquier sociedad civilizada contemporánea. Ella promueve la castidad y la abstinencia prenupcial, así como exige la estricta fidelidad conyugal que a la postre hicieron que el matrimonio desembocara en la prostitución y el adulterio que son el premio de esta doble moral sexual 
Por tales razones, creemos firmemente que la vida entera de las personas gira alrededor del desarrollo de su sexualidad; ella es la palanca que mueve su sistema bio-psico-social. Por lo tanto, los primeros años de vida del individuo determinan el resultado de su vida futura. 
El hombre es un ser sexual y el sexo tiene vital importancia en su vida. Según los planteamientos de Oliver Brachfeld, en la presentación de la “Pedagogía Sexual” de Rudolf Allers, dice: “Sin duda, nadie se atrevería negar hoy día que la Sexualidad constituye uno de los aspectos fundamentales de la vida humana”. Para ambos, el acto sexual es posible y deseable durante toda la vida activa. 
Asimismo, Freud, afirma que hay dos tipos de pulsiones, la pulsión sexual o de la vida y la pulsión de la muerte. El impulso sexual tiene una importancia muy superior a lo que habitualmente se considera como sexualidad, al tiempo que introduce la diferenciación entre sexualidad y genitalidad: ‘si todo lo genital es sexual, no todo lo sexual es genital’. 
En efecto, creemos que es necesario la construcción de una educación basada en fundamentos psicosexuales de naturaleza social, plasmadas en dos ejes principales:
  1. La educación de los niños para sostener el futuro de la sociedad,
  2.  La reeducación de las familias para garantizar los frutos de la nueva educación con una escala de valores humanos que sean producto del amor sexual. 
Esta nueva educación sexual y de la sexualidad deberá sistematizarse como un conjunto amplio y diverso de acciones que suceden en la vida cotidiana, tanto privada como pública, con la finalidad de socializar a los individuos desde tales ámbitos para la formación y el desarrollo de su identidad sexual personal auténtico, saludable y pertinente; identidad que se logrará a partir de su propia asignación sexual (masculino o femenino), de sus valores y pautas de comportamiento: ser hombre o ser mujer y de la forma particular en que cada sujeto internaliza esta nueva cultura. 
Estos argumentos nos empujan a plantear desde nuestra modesta perspectiva una nueva brecha para las familias de esta moderna civilización y aquella brecha nos conduce a retomar nuestros ancestros aprendizajes sobre el valor humano con una visión y concepción científico materialista de la sociedad, la naturaleza y el pensamiento humano, basados en la pedagogía de amor y la educación personalizada. Esperamos no equivocarnos al planteárselas, obviamente tenga muchas limitaciones, pero ello representa los sentimientos de nuestra esencia humana. 
Esta concepción psicosexual de la educación se sustenta en la opción filosófica a la luz de la concepción científica del mundo como eje directriz de orientación dialéctica de sus planteamientos. Además durante la objetivación de sus fundamentos se basa en el espectro psicológico analítico de la Teoría de la Economía Sexual de Wilhelm Reich y la Teoría psicoanalítica de Sigmund Freud. 
La Teoría de la Economía Sexual coadyuva al entendimiento socio-económico, y moral de la sexualidad. Según su teoría, W. Reich, en su libro “La Lucha Sexual en lo Jóvenes” manifiesta con tal precisión que: “… en todos los ambientes la gente se pregunta cómo se podrían suprimir la abyección y la infelicidad sexual, los crímenes y los suicidios, la desesperación y el infortunio que surgen en gran medida de las dificultades sexuales. La burguesía unánimemente prescribe cada día nuevas recetas morales, predica la responsabilidad, condena, confina masivamente a los jóvenes por crímenes sexuales, pero no ve la realidad más elemental: que los crímenes sexuales, la necesidad y el infortunio reinarán en tanto subsista este orden social que reprime la vida sexual”[1]. Más adelante refiere: “la economía y la producción de los bienes necesarios para la vida son el fundamento de toda la vida social y por lo tanto también de la vida sexual. La forma de la vida social y sexual (de una sociedad) está determinada por el modo de producción y distribución de los bienes”[2]
Efectivamente, la función natural de la socialización del hombre es garantizar el trabajo y la realización natural del amor. Esas dos actividades biológicas del hombre dependerán siempre de la investigación y pensamientos científicos, no de administraciones públicas ni de sistemas filosófico-económicos procapitalista o neoliberalista. El conocimiento, el trabajo y el amor natural son las fuentes de la vida. Son las fuerzas que nos gobiernan. 
La conducta moral auténtica y natural presupone la libertad de los procesos sexuales auténticos y naturales. Mutuamente, la moralidad compulsiva y la sexualidad patológica corroen parejas, como afirme W. Reich, en La Revolución Sexual: “Toda reglamentación moral es negadora de la sexualidad y revolución social, aquella no tiene otra tarea que le incumba con mayor urgencia que la de imposibilitar por fin, la satisfacción de las necesidades humana y la sexualidad natural”[3]
Por otro lado, la Teoría Psicoanalítica, es la plataforma esencial de nuestra investigación. Sus conceptos, categorías, leyes y teorías son abordados en su amplitud para entender la sexualidad en su verdadera dimensión y profundidad; y su implicancia en el comportamiento humano. 
El psicoanálisis emplea el término de pulsión (impulso que tiene a la consecución de un fin) para el estudio del comportamiento humano. Antes de seguir adelante convendría aclarar las diferencias que existen entre la pulsión y el instinto. Los instintos tienden a una finalidad predominante biológica, mientras que la pulsión es un impulso que se inicia con una excitación corporal (estado de tensión), y cuya finalidad última es precisamente la supresión de dicha tensión. 
Según los planteamientos de Freud, hay dos tipos de pulsiones, la pulsión sexual o de la vida y la pulsión de la muerte. El impulso sexual tiene una importancia muy superior a lo que habitualmente se considera como sexualidad, al tiempo que introduce la diferenciación entre sexualidad y genitalidad : ‘si todo lo genital es sexual, no todo lo sexual es genital’. La libido (Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica), es la energía que pone en marcha la pulsión sexual, y puede presentar diferentes alternativas según esté dirigida a los objetos (libido objetal), o bien se dirija al propio Yo (libido narcista). 
Freud estableció una serie de fases a través de las cuales se verifica el desarrollo del sujeto. Desde el punto de vista de dichas fases, los conflictos psíquicos y su posibilidad de resolución dependerían del estancamiento de una fase (fijación) o del retorno a una fase precedente (regresión). De ahí que esta teoría nos ayuda a entender un concepto dinámico sobre lo psíquico y la sexualidad. 
Además, siguiendo esta óptica de análisis, concebimos a la sexualidad como la función compleja y exclusivamente humana, que se manifiesta de muchas formas y evoluciona a lo largo de la vida. Como refiere la Psicóloga Ana Cruz Álvarez, “Desde el momento que nacemos, nuestra vida es una continua respuesta a los estímulos que nos envuelven a los impulsos internos que sentimos. Instintos y emociones dirigen nuestra existencia hacia lo que deseamos y nos conviene...”[4]
En verdad, es que el individuo al nacer trae ya consigo al mundo su sexualidad, que consiste en determinadas sensaciones y reacciones sexuales que se manifiestan de diversas formas a través de los diferentes periodos de su desarrollo; los cuales exigen su correspondiente y adecuada gratificación o satisfacción. 
La sexualidad no debe entenderse solo como una función de la reproducción, sino como una función de amor, de comunicación y de construcción de la personalidad. Estos elementos contribuyen a la formación de una sexualidad auténtica, saludable, pertinente, serena y sin conflictos. Es decir, la vida sexual adulta, tiene su asidero en la educación recibida en etapas anteriores (incluso desde el momento de la fecundación) y en las experiencias que ha logrado durante la infancia y la adolescencia. 
El hombre es un ser sexual y el sexo tiene vital importancia en su vida. No solo desde el punto de vista biológico; sino que abarca la integridad de su vida psíquica y social. Es decir, en el sentido más amplio, abarca lo que somos físicamente, lo que sentimos y hacemos en relación con el sexo que tenemos, conforme las pautas y normas sociales que fueron asimilados y aprendidos para cada género. De algún modo, la conducta sexual define la personalidad de cada persona puesto que interviene en su equilibrio emocional y en la autorregulación personal. 
Al respecto; el Dr. Oliver Brachfeld, en la presentación de la “Pedagogía Sexual” de Rudolf Allers, dice: “Sin duda, nadie se atrevería negar hoy día que la Sexualidad constituye uno de los aspectos fundamentales de la vida humana”. [5]
A diferencia de la sexualidad en el mundo animal, que está destinado exclusivamente a la reproducción, en determinadas épocas del año cuando el instinto natural las empuja a acoplarse, siguiendo esquemas sexuales heredados por otros individuos de su especie; en el hombre, es la expresión psicosocial más hermoso y profundo de la vida, La evolución humana ha hecho de que el varón y la mujer estén sexualmente receptivos en cualquier momento, independientemente de su periodo fecundo. Para ambos, el acto sexual es posible y deseable durante toda la vida activa. 
Sin embargo, como afirma Kraff-Ebingm en su obra Psicopatía Sexual; que, “Sólo poquísimas personas se percatan completamente de la poderosa influencia que en la existencia individual y social ejerce la vida sexual sobre el sentir, el pensar y el obrar”[6]
En la especie humana al igual que en las demás especies animales, los individuos se dividen en varones y mujeres, por las forma que tienen sus órganos genitales. Esta diferencia sexual, permite establecer si el individuo pertenece al sexo masculino (varón) o femenino (mujer). Además, a parte de esta diferencia la pertenencia a uno u otro sexo, está definida por la adopción de los roles sexuales de cada sexo, adquiridas como resultado de la educación, las costumbres y las normas impuestas por la cultura de la familia y la sociedad. 
Tales diferencias y los roles sexuales se encuentran profundamente marcadas en nuestra sociedad, por lo mismo que se encuentra bajo el marco de la lucha de clases, donde el hombre está sujeto a ciertos acondicionamientos y estímulos económico-sociales, político-culturales y bio-psicológicos, que como acción resultante, la sexualidad del pueblo se encuentra reprimida, inhibida y coactada. 
Al respecto afirma Margaret Randall que: “... la primera división de clases que apareció fue entre el hombre y la mujer, con ésta como oprimida y el primero como opresor”[7]; antagonismos que han surgido como define Engels, “... resultante de la división del trabajo que se originaba en la aparición de una sociedad de clases y en la propiedad privada” [8]
Por esta razones los individuos de nuestra sociedad desarrollan en mayor o menor la neurosis sexual, y esta afecta directamente su comportamiento y acentúa la desvalorización humana. Permitirla como si estos fueran un fenómeno totalmente natural, acarreó una crisis de familias y un caos ético moral de la sociedad en su conjunto. 
Como dice la psiquiatra Yolanda León Álvarez, que: “... limitar la actividad sexual de un pueblo, (a éstos acondicionamientos y prejuicios de carácter económico-sociales, político-culturales y bio-psicológicos) es incrementar en general la angustia vital, es incrementar los factores que perturban la capacidad individual de goce, suprimir la disposición individual (...) disminuir el deseo de engendrar descendencia y excluir, en fin, al pueblo o al grupo de que se trate de toda participación en el porvenir ...”.[9]
La sociedad actual es eminentemente patriarcal y como tal propugna una cultura sexual que también es patriarcal. Reproduce, ordena, implementa e impulsa un sistema de normas, valores y mandatos que reafirma el carácter desigual y opresivo de las relaciones entre los sexos desde una concepción del mundo que los hace aparecer ante la sociedad y ante los sujetos como "naturales" y “históricos”, como destino establecido a partir de la diferencia biológica del sexo. 
La base de esta sexualidad patriarcal de sexos opuestos, jerarquizados y desiguales está en la división sexual del trabajo que dio lugar a la escisión del mundo en dos, todo en dos: en vida privada y vida pública, en sentimientos, pensamientos, actuaciones, colores, gustos, aspiraciones y deseos, derechos y obligaciones, libertades, etc.; en masculino y femenino, opuesto y desigual. Así, se ha creado al interior de uno sólo la existencia opuesta y selectivamente separatista de dos mundos: el de las mujeres y el de los hombres. El primero, cuyo espacio es la vida privada y que no tiene reconocimiento social; el segundo, el de la vida pública que ha sido engrandecido y sobre valorado. 
Es a partir de esta división entre lo masculino y lo femenino que las sociedades no sólo han establecido y normado comportamientos genéricos diferenciados, excluyentes y sobre todo desiguales y antagónicos, sino que, imponiendo serias contradicciones entre el ser y el deber ser han desarrollado una cultura y una educación sexual cuyos fundamentos, en esencia son: la negación, la prohibición y la represión de elementos vitales como el conocimiento del cuerpo y su funcionamiento, el encauzamiento del deseo y las fantasías, la búsqueda del placer, del erotismo y de los afectos. Esta cultura y moral social que conocemos y que somos producto de ello, es sexista, impositiva, directiva y profundamente cerrada, nunca abre a los individuos posibilidad alguna para optar; se desarrolla sobre la idea biológico-naturalista. Desde esta cultura y esta moral, ser hombre o ser mujer, equivale a celdas cerradas, fijas e inamovibles. Los contenidos de cada cual están perfectamente preestablecidas; desde el nacimiento de los particulares su historia está escrita: cómo deben ser, cómo han de sentir y qué han de hacer en la vida en función de su sexo biológico. 
El núcleo básico de existencia de esta sociedad es la familia monogámica patriarcal, que es la forma celular de cualquier sociedad civilizada contemporánea. 
Indudablemente dice F. Engels; que: “... la forma de la familia que corresponde a la civilización y vence definitivamente con ella, es la monogamia, las supremacía del hombre sobre la mujer, y la familia individual como la unidad económica de la sociedad. La fuerza cohesiva de la sociedad civilizada la constituye el Estado que, en todos los periodos típicos, es exclusivamente el Estado de la clase dominante...”[10]
En realidad, esta familia moderna no es otra cosa que la familia patriarcal, modelo típico de la “sociedad de consumo”, que se basa en la preponderancia del varón sobre la mujer y la indisolubilidad del matrimonio. Estas familias son machistas porque así también son los varones, que por muy amorosos, generosos y comprensivos que sean, no quieren perder totalmente la autoridad sobre la mujer. “...la familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica (...) el hombre es en éste tipo de familia, el burgués: la mujer representa en ella al proletariado...”[11]
El modelo sexual que emana esta sociedad se basa, además, en una doble moral y en el tratamiento maniqueo entre el bien y el mal; procedimiento que genera intensos conflictos a nivel individual y a nivel social en tanto las contradicciones que así se presentan entre el sentir, el pensar y el actuar de los sujetos condiciona sus relaciones y su comportamiento general. 
Los valores y las prácticas dominantes que estructuran y mantienen esta concepción patriarcal de la sexualidad, giran en torno de la heterosexualidad monogámica y progenitora que, comprendida como única vía aceptada de expresión de la existencia humana se ha convertido en la base real de la normatividad de la sexualidad. Además se apoya en la idea biologicista de la reproducción en tanto fin de la vida sexual, reforzada por la idea religiosa del pecado que niega, rechaza y reprime cualquier otra manifestación de deseo, práctica erótica o forma de vida. 
Esta concepción del mundo se traduce en una práctica que forma seres: sexual, psicológica y socialmente desiguales, incompletos y fragmentados, reprimidos y represores, poco creativos, desilusionados e insatisfechos de su vida cotidiana que sólo pueden hacer girar en torno del poder que les oprime o con el que sujetan a otros. 
La normatividad social y moral hace que la educación sexual prácticamente reduzca sus contenidos a la dimensión biológica y reproductiva, y deje para cada individuo, de manera ambigua y aislada, la comprensión, el aprendizaje y el manejo de los aspectos psicológicos, afectivos y sociales de su sexualidad. 
De esta manera la sociedad impone a los sujetos muchos elementos orientadores pero inalcanzables, estereotipos rígidos y polarizados del ser hombre y del ser mujer, a los que deben aspirar y a partir de los cuales cada quien ha de dar contenido, forma y contención a su sexualidad; sin embargo, las generaciones menores y jóvenes sólo aprenden a través de la imitación de estos modelos de quienes les rodean y que a larga conlleva a la sociedad entera a la crisis de valores y a la crisis de familias. 
Uno por uno y más allá de sí mismos, los individuos han de asumir el mandato moral y echar mano de cuanto mecanismo puedan para cumplirlo sin importar sus intereses, gustos, deseos, aspiraciones, fantasías o pulsiones propias. Todos pasan una buena parte de sus vidas luchando por cumplir con esa tarea, aunque la mayoría queda confusa e ignorante de su propia sexualidad, frustrada en determinados aspectos y con las acreditadas e impuestas maneras de ser hombre o de ser mujer. 
En este orden social la escuela juega un papel fundamental en la consolidación y legitimación de una nueva cultura sexual en general, de equidad y género en particular. Una de las formas más certeras es a través del manejo didáctico de los contenidos, metodologías y prácticas escolares basados en una auténtica educación sexual. 
Frente a ello, existe la necesidad de proponer una pedagogía de la sexualidad de naturaleza social basado en la pedagogía del amor. Esta nueva educación sexual y de la sexualidad deberá sistematizarse como un conjunto amplio y diverso de acciones que suceden en la vida cotidiana, tanto privada como pública, con la finalidad de socializar a los individuos desde tales ámbitos para la formación y el desarrollo de su identidad sexual personal auténtico, saludable y pertinente; identidad que se lograra a partir de su propia asignación sexual (masculino o femenino), de sus valores y pautas de comportamiento: ser hombre o ser mujer y de la forma particular en que cada sujeto internaliza esta nueva cultura. 
En este contexto controversial donde los canales de socialización más importantes se rebaten:(la familia, los amigos, la religión, las leyes y los medios de comunicación masiva), la escuela juega aún un papel esencial como educadora de la sexualidad humana, al tener el reconocimiento social como formadora de los sujetos y al actuar bajo sistemas y mecanismos reproductores de la cultura programados y sistematizados. A ella le corresponde la responsabilidad de promover una cultura sexual altamente auténtica, pertinente y sana, inclusive es su desafío la responsabilidad de reeducarlos a las familias. 
Quieres conocer mejor este Nuevo Pensamiento Pedagógico


[1] Wilhelm Reich, La Lucha Sexual en los Jóvenes, Pág. 67
[2] íbídem , Pág. 126
[3] Wilhelm Reich, “ La Revolución Sexual”, Pág. 51
[4] Ana Cruz Álvarez, “Psicología de la Paternidad y de la Maternidad”. Pág. 140
[5] Rudolf Allers, “Pedagogía Sexual” Biblioteca Universal Miracle S.A. Barcelona 1972, Pág. 23
[6] Ibídem, Pág. 24
[7] Margaret Randall, Ob. Cit. , Pág. 95
[8] F. Engels: “El Origen de la Familia, de la Propiedad Privada y el Estado”. Pág. 91.
[9] Yolanda León Alvares, “Sexo, Niño y Sociedad”, Pág. 38.
[10] F. Engels, “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado”. Pág. 256
[11] F. Engels, Ob. Cit., Pág. 103.